algunos versos de Valentín y los Volcanes.
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lunes
explosivos.
martes
si usted fuera la muerte...
Llegó con las canciones, no.
Bajar, subir, bajar.
Y ya tu voz me es familiar.
Sabés que yo te extraño,
y es mejor callar. Ya sé, vos dirás, vos.
Cien de cien,
la felicidad, destellos son hasta que pájaros quiebren.
Y si, no, yo, intenté conquistarte, no.
Ya se irá con vos, me hundiré.
Y nunca más cantaré canciones estúpidas,
lo que yo ni creo que ya creo.
Si canto como un muerto que te hace gracia.
Amores de verano.
Perdedor cantando.
lunes
preview
Esto se llama:
"Domingo, día del Señor"
adelanto de una serie de fotomanipulaciones
inspiradas básicamente en
andar sin sostenes un día domingo.
corta, esa fue la idea.
enjoy.
http://lovesick-graphics.blogspot.com
sábado
cortorelato 11.
Impresión
Ella abrió los ojos un momento esa mañana y vio que él también empezó a abrirlos un poco mirándola con una leve sonrisa. Ella lo contempló un par de segundos y cuando volvió a a cerrar los ojos pudo seguir viéndolo; no como un recuerdo en su cabeza, sino como si le hubiese sacado una foto, como si se hubiese impreso en sus párpados.
Ella abrió los ojos un momento esa mañana y vio que él también empezó a abrirlos un poco mirándola con una leve sonrisa. Ella lo contempló un par de segundos y cuando volvió a a cerrar los ojos pudo seguir viéndolo; no como un recuerdo en su cabeza, sino como si le hubiese sacado una foto, como si se hubiese impreso en sus párpados.
jueves
cortorelato 10.
Detalle.
Ella atesora sólo una cosa: Su afirmación. Su dulce mirada de recibimiento y su tierna sonrisa de aprobación. Sólo eso, y punto.
Ella atesora sólo una cosa: Su afirmación. Su dulce mirada de recibimiento y su tierna sonrisa de aprobación. Sólo eso, y punto.
viernes
bicimeg.
in my dreams trees grow all over the streets.
bikemusic
como lista de reproducción: only happysongs.
yo soy un peligro al volante, tampoco andemos con cosas, pero soy feliz ¿y qué?
voy por la ciclovía de duble-almeyda (menosmal) - aunque la hermana del tomás diga que la carretera austral es como duble-almeyda. jajajaja nada que ver, pero bueno... si duble-almeyda es como la carretera austral, que sea así poh, qué tanto, total, a quién le importa!
el brian me decía que me imaginaba (dentro de otras cosas) andando en bici... "siendo feliz".
pues le ha achuntado. soy feliz en mi bici, mi volá, nadie cerca webiandome, a mi ritmo.
tengo sólo 1 pierna en mi dibujo, y bueno, qué más se puede pedir a las 2 am.
jueves
cortorelato 6
Sueño.
En ese transcurso ella no pensó nada, ella no sintió nada, sólo la compañía. Nada significó algo, todo era superficial. Ese beso de buenas noches fue el gesto más tierno donde pudo concluir "esto es un sueño"; pero no por la magia que contenía, sino porque todo eso era sólo algo fugaz.
En ese transcurso ella no pensó nada, ella no sintió nada, sólo la compañía. Nada significó algo, todo era superficial. Ese beso de buenas noches fue el gesto más tierno donde pudo concluir "esto es un sueño"; pero no por la magia que contenía, sino porque todo eso era sólo algo fugaz.
cortorelato 5
Proxémica.
Ellos son muy distintos, pero en el fondo tal vez muy parecidos. Ellos son distintos a fin de cuentas porque buscan otras cosas y si se han encontrado, ha sido en tiempos desfasados también. Quizás lo último no signifique nada, pero al menos podría haber sido una oportunidad para descubrir qué pasaría o cómo pasaría.
Alguna vez rompieron la proxémica fría que los envuelve, buscando consuelo el uno con el otro, pero siempre fue eso: o más allá o nada más. Un día, después de una larga e inesperada noche, ya amaneciendo, estaban los dos tendidos en la cama y ella sólo atesora ese simple momento: Él estaba de boca abajo y ella de costado a su izquierda - separado sí, manteniendo distancia - pero él con sus dedos acarició su brazo suave y tendidamente, ella en respuesta deslizó sus dedos en su otra mano con la palma abierta. Ella intentaba no dormirse, él ya estaba casi rendido si no fuera porque ella sintió que cada vez que se apagaba, su mano luchaba por seguir aquel pequeño movimiento, sin querer dejar de hacerlo.
Ella de repente sintió que se caía de la cama y despertó. Él ya estaba durmiendo. Lo besó en el rostro y le dijo: "Me tengo que ir, sino no voy a despertar hasta mañana. Gracias". Y así ella se fue esa día.
Ella de repente sintió que se caía de la cama y despertó. Él ya estaba durmiendo. Lo besó en el rostro y le dijo: "Me tengo que ir, sino no voy a despertar hasta mañana. Gracias". Y así ella se fue esa día.
martes
vestido de ciudad.
Paso largos trayectos buscando una canción que se acomode en la cuenca de mi oído y parezco no encontrar ya las palabras exactas que las sensaciones de mi cabeza parecen anidar. Salgo a andar sin destino a ratos y pareciera que todo es lo mismo: andar sin destino por la ciudad. Llevo la ciudad sobre mis pies cual si me escondiera entre las rodillas en sus rincones, pero en cada rincón habitan ecos que retumban aún hasta en el cuello, incluso de manera imperceptible. Los días me parecen más bonitos que nunca, los días soleados ya no apagan algo en mí, al contrario, lo encienden y pienso que me encantaría no pasarlos sola (creo que he aprendido a valorarlos, un poco tarde eso sí). Siento que las mañanas son bonitas, los atardeceres son eternos y las noches son inmensas... siento que el día se consume más rápido de lo esperado (esperando qué? no sé - miento, sé pero no sé cómo) y siento que no quiero compartirme eso sola tampoco. Llevo la ciudad sobre mis pies cual un mapa inscrito en la piel de todo lo que he recorrido y me queda por recorrer, un mapa donde guío la mirada cabizbaja como si así pudiera encontrar la periferia sobre mi coronilla. Pero veo mis pies solos de andar, siguiéndose uno al otro, sabiendo que el delantero no sabe para dónde va. A veces extraño ciertos andares como componiendo música con las deficiencias y las hazañas, con la historia de las huellas al pisar. Llevo la ciudad sobre mis rodillas y quisiera encontrarme una vez más en un punto perpendicular de caminos, cruces y mundos. Ojalá las noches infinitas fueran siempre las mismas... ¿Sabes? Las paredes de concreto de las que se constituyen estos espacios urbanos parecieran no ser suficientes para separar a la gente de la otra, ni para sustituir o materializar aquellas paredes emocionales, de lazos que nos creamos tanto de cerca como de lejos con algún otro. También sé cómo las paredes te encierran en tu propio encierro y hablas fuerte para no sentir tu propia soledad, sin poder escuchar que ahí estoy yo escuchando cada respiro, cada mirada y quizás cada impulso... sólo eso un poco hasta después, un momento después. La ciudad es interminable y la llevo sobre mis piernas, pero aún así puedo marcar el paso del lugar exacto donde quisiera estar.
caminando.
Ese día la calle estaba cubierta de hojas y quise grabarlo.
La verdad es que quise grabar más las hojas, pero encontraba tonto hacer eso, así que puse el celular como si lo estuviera viendo normalmente y quedó así y me gustó.
Aunque podría acompañarlo de otra canción que me tinque más,
era justo esta la que estaba escuchando ese momento.
Let's spend the whole day in bed then
'Cause if we don't you'll want to, want to leave
I try to hold something I can
I try to hold something I can never keep
(ahora sí se ve :P)
La verdad es que quise grabar más las hojas, pero encontraba tonto hacer eso, así que puse el celular como si lo estuviera viendo normalmente y quedó así y me gustó.
Aunque podría acompañarlo de otra canción que me tinque más,
era justo esta la que estaba escuchando ese momento.
Let's spend the whole day in bed then
'Cause if we don't you'll want to, want to leave
I try to hold something I can
I try to hold something I can never keep
(ahora sí se ve :P)
cortorelato 4.
Nunca.
En ese entonces yo no escribía sobre amor. En ese entonces, la verdad, no escribía nada muy serio: eran sólo atisbos, bosquejos, pensamientos contagiados por un algo que inundaba. Básico. Cosas que ahora luego me dan un poco de vergüenza reconocer.
No, en ese entonces yo no escribía de amor porque no lo conocía realmente. Yo no escribía sobre amor porque el amor me había llenado vagamente; me dio la espalda un par de veces, dejando esa huella que para entonces la hacen a una sentir algo más, pero que bien en el fondo, de alguna manera, una sabe que no es tan terrible. Por lo menos todavía no.
Las escasas cosas que escribí con cierta relación al amor no eran nada tan importante del todo, mucho menos aquellas que suponían un nombre y apellido porque eran sólo ideas y sensaciones.A él nunca le conté que escribía, y si lo hacía, menos iba a mostrarle lo que era. Él más que todos no lo habría comprendido, aunque jamás se me ocurrió compartirle esa parte de mi vida. ¿Para qué?
Y fue mejor así. Ese espacio privado se llenó de otra cosa donde las palabras no bastan. Y yo no pensé escribirlo porque eso no era amor. Yo no pensé escribirlo porque yo era simplemente yo. Yo ni siquiera pensé en escribirlo aunque fuera sólo para mí. Pero las palabras que sellan un secreto resuenan más que el secreto mismo. Y sí, finalmente terminé escribiendo una tontera al respecto.
Nunca se lo dije. Alguna vez, ya después, pensé en mencionárselo, pero decidí que era mejor que no. Ni si quiera yo lo he leído, ni si quiera he podido, porque sé que esa composición no es suficiente para retratarlo todo. Él se llevó una parte importante de mí, pero lo que yo escribí acerca de eso es mucho más íntimo que mi propia piel. Y ese detalle... ese detalle no se lo pienso regalar.
Nunca se lo dije y nunca se lo voy a decir.
En ese entonces yo no escribía sobre amor. En ese entonces, la verdad, no escribía nada muy serio: eran sólo atisbos, bosquejos, pensamientos contagiados por un algo que inundaba. Básico. Cosas que ahora luego me dan un poco de vergüenza reconocer.
No, en ese entonces yo no escribía de amor porque no lo conocía realmente. Yo no escribía sobre amor porque el amor me había llenado vagamente; me dio la espalda un par de veces, dejando esa huella que para entonces la hacen a una sentir algo más, pero que bien en el fondo, de alguna manera, una sabe que no es tan terrible. Por lo menos todavía no.
Las escasas cosas que escribí con cierta relación al amor no eran nada tan importante del todo, mucho menos aquellas que suponían un nombre y apellido porque eran sólo ideas y sensaciones.A él nunca le conté que escribía, y si lo hacía, menos iba a mostrarle lo que era. Él más que todos no lo habría comprendido, aunque jamás se me ocurrió compartirle esa parte de mi vida. ¿Para qué?
Y fue mejor así. Ese espacio privado se llenó de otra cosa donde las palabras no bastan. Y yo no pensé escribirlo porque eso no era amor. Yo no pensé escribirlo porque yo era simplemente yo. Yo ni siquiera pensé en escribirlo aunque fuera sólo para mí. Pero las palabras que sellan un secreto resuenan más que el secreto mismo. Y sí, finalmente terminé escribiendo una tontera al respecto.
Nunca se lo dije. Alguna vez, ya después, pensé en mencionárselo, pero decidí que era mejor que no. Ni si quiera yo lo he leído, ni si quiera he podido, porque sé que esa composición no es suficiente para retratarlo todo. Él se llevó una parte importante de mí, pero lo que yo escribí acerca de eso es mucho más íntimo que mi propia piel. Y ese detalle... ese detalle no se lo pienso regalar.
Nunca se lo dije y nunca se lo voy a decir.
domingo
cortorelato 3
XX.
Cuando te conocí no te conocía del todo. Conocía las palabras que me decías y alguna vez la borrachera me llevó a escuchar tu voz de las 3 de la mañana.
Te cambiaste a vivir relativamente cerca, por el sector. Pero aún así no te conocía y cuando pasaba en la micro, me dedicaba a darle un rostro a tu nombre con alguna persona que caminaba por esa esquina para imaginarte un poco.
Ahora que nos conocemos, todas esas muchas veces que no te veo, no dejo de visitarte en la esquina donde vives cuando paso en la micro de ida o de vuelta.
Cuando te conocí no te conocía del todo. Conocía las palabras que me decías y alguna vez la borrachera me llevó a escuchar tu voz de las 3 de la mañana.
Te cambiaste a vivir relativamente cerca, por el sector. Pero aún así no te conocía y cuando pasaba en la micro, me dedicaba a darle un rostro a tu nombre con alguna persona que caminaba por esa esquina para imaginarte un poco.
Ahora que nos conocemos, todas esas muchas veces que no te veo, no dejo de visitarte en la esquina donde vives cuando paso en la micro de ida o de vuelta.
viernes
cortorelato 2
Ascensor.
"Una noche primera de un cuarto, luego de haber figurativamente bailado en la calle (cámara lenta, retención, giro eterno, envoltura tibia, pasos corridos, el pasto verde, la misma banca), ambos en un ascensor, vestidos de color oscuro, el cabello oscuro sobre el rostro, los lentes brillando a la tenue luz, abrazados mirándose al espejo.
cortorelato 1
Recorrido 399.
Su recuerdo no había calado tan hondo hasta que tuvo una vaga imagen de él un día mientras dormía. Fue entonces que, al día siguiente, ella emprendió su búsqueda con los escasos datos que recordaba de lo que esa breve instancia envolvió (ni su teléfono, ni su dirección, ni su correo electrónico); y fue así que llegó a la Facultad de Humanidades.
Averiguó que podía encontrarlo alrededor de las 13:20. No se dio ni cuenta que ya era la hora cuando lo vio aparecer junto a dos chicas que lo apretaban de cada lado riendo, gritando y apuntando (esas mismas a las que ella les había consultado por él y le habían confirmado su existencia en el presente).
Él la miró anonadado. "Hola, ¿te acuerdas de mí?" le dijo ella, mirándolo directamente a los ojos (que fue algo que ella había aprendido de él). Claro que él la recordaba: Se habían conocido en una extinta micro 399 como a las 6 de la mañana hace mucho tiempo atrás.
Su recuerdo no había calado tan hondo hasta que tuvo una vaga imagen de él un día mientras dormía. Fue entonces que, al día siguiente, ella emprendió su búsqueda con los escasos datos que recordaba de lo que esa breve instancia envolvió (ni su teléfono, ni su dirección, ni su correo electrónico); y fue así que llegó a la Facultad de Humanidades.
Averiguó que podía encontrarlo alrededor de las 13:20. No se dio ni cuenta que ya era la hora cuando lo vio aparecer junto a dos chicas que lo apretaban de cada lado riendo, gritando y apuntando (esas mismas a las que ella les había consultado por él y le habían confirmado su existencia en el presente).
Él la miró anonadado. "Hola, ¿te acuerdas de mí?" le dijo ella, mirándolo directamente a los ojos (que fue algo que ella había aprendido de él). Claro que él la recordaba: Se habían conocido en una extinta micro 399 como a las 6 de la mañana hace mucho tiempo atrás.
miércoles
ti tun .
no buscó en sus manos
el diccionario de las líneas armónicas,
de perfectos defectos dibujados a la par.
no quiso tomar su rostro genuino,
deshaciéndose al pasar
un dedo bailando con otro al nadar.
quemó buscando equilibrios
de los relieves a los saltos que marcó,
estalló mientras en largo tejido
gritando, entonando, moldeando
las citas de acciones escritas
que rondaron su cuello una tarde que amaneció.
no quiso encontrar la herida,
vacío de teclas hundidas con el roce
de esos que uno nunca llamó,
de esos que en sus pasos enterró:
ella se asutó, se hundió, se dislumbró
de aquello que en una hoja contigua
se escribiría de lechos de suave capricho,
con el dulce amargo de su reflejar.
entre la superficie de su meñique
acogió su mano moribunda que desprendió
las desgracias que pintaban su mente,
que la diluían de tan humilde presente,
descubierto ante suave suspiro
de todo lo que pudiera llegar a entregar.
a cambio de sensato obsequio, hoy, justo ahora,
no tuvo magnolias marchitas para constatar.
no, ella nunca lo mencionó.
pero él huyó de la panorámica haciéndola marchar.
ella escuchó su figura tras las orejas,
y él deshizo en sus dedos las palabras que
en su sigilosa memoria imaginó.
ni adiós dijo
y él con un mundo detrás sólo la miró.
el diccionario de las líneas armónicas,
de perfectos defectos dibujados a la par.
no quiso tomar su rostro genuino,
deshaciéndose al pasar
un dedo bailando con otro al nadar.
quemó buscando equilibrios
de los relieves a los saltos que marcó,
estalló mientras en largo tejido
gritando, entonando, moldeando
las citas de acciones escritas
que rondaron su cuello una tarde que amaneció.
no quiso encontrar la herida,
vacío de teclas hundidas con el roce
de esos que uno nunca llamó,
de esos que en sus pasos enterró:
ella se asutó, se hundió, se dislumbró
de aquello que en una hoja contigua
se escribiría de lechos de suave capricho,
con el dulce amargo de su reflejar.
entre la superficie de su meñique
acogió su mano moribunda que desprendió
las desgracias que pintaban su mente,
que la diluían de tan humilde presente,
descubierto ante suave suspiro
de todo lo que pudiera llegar a entregar.
a cambio de sensato obsequio, hoy, justo ahora,
no tuvo magnolias marchitas para constatar.
no, ella nunca lo mencionó.
pero él huyó de la panorámica haciéndola marchar.
ella escuchó su figura tras las orejas,
y él deshizo en sus dedos las palabras que
en su sigilosa memoria imaginó.
ni adiós dijo
y él con un mundo detrás sólo la miró.
lunes
mojado.

(algo breve, cuando debería estar estudiando.)
Me acuerdo de ese día como si lo tuviera marcado con un anexo en un cuaderno.
Me acuerdo de esa alegría, de esa melancolía, incluso de la "bromista" melodía,
que solíamos volver himno con un amigo en circunstancias como esas.
"No importa lo que venga", esa es una historia que alguna vez mencioné,
pero que no detallaré en este caso porque quiero decir, sólo quiero decir:
Que no importó lo que vino, que no importaron las olas, la espuma, el mar.
No importo no verlo, no importó en reflejo sostenerme a tus brazos,
no importó entregarme a la altura de tu cabello entre mis cejas, mis ojos, la frente.
Quizás sí el agua meció mi cuerpo, meció el suelo, meció el viento,
quizás sí la espuma acarició mis pies, mi piel, mis dedos,
quizás sí las gotas aterrizaron en mi cintura, la ropa, los codos,
y quizás sí la humedad besó mis labios, mi rostro y mis párpados.
Pero entre todo eso estabas tú,
entre la marea y la brisa, estabas tú,
quizás los lentes se me pudieron haber caído,
quizás un simple desliz los podría haber demacrado,
quizás un camarón me los podría haber robado.
Pero en medio de todo eso, estabas tú,
junto a mí, abrazado, cegado encandilado por el sol,
helado congelado por el agua del mar,
mojado y empapado hasta las rodillas sin arremangar.
Estabas tú, alzandome entre tus brazos,
y yo a ciegas, a oscuras, sin siquiera oír riendo te dije:
OOOHH... MALDITO, SABÍAS QUE VENÍA LA MANSA OLA!
Sin saber que no era simplemente eso, y tú tampoco.
miércoles
mapa escrito.
Una banda sonora conjuga el tránsito ajeno con el mío al pasar. La gente, la calle, ¡qué rápido se mueve! Pero me detengo un poco y me doy cuenta que vamos a la par. Enchufada a mis audífonos, la basura tirada en el piso me mantiene conectada a la ciudad. Casualmente puedo asomarme a La Vega, sentir el ritmo distinto de lo usual. Con las cajas apiladas, el cruce con restos de verdura inundada es algo que puedo contemplar. Pero instantáneamente desconecto mi casi empatía al ver gatos roñosos sobre las cocinas de los pequeños locales de comida. La sintonía se colapsa, impulsiva y despectivamente intentándolo ignorar.
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